España le ganó 1 a 0 a la Argentina y se consagró campeona del mundo. El único gol del partido lo marcó Ferran Torres, en el primer minuto del tiempo suplementario. Y hay que decirlo: fue un justo ganador y un justo campeón.
El seleccionado español fue superior de principio a fin. Dominó el desarrollo del juego y encontró el premio que fue a buscar durante toda la final. Del otro lado estuvo una Argentina que llegó al límite desde lo físico. Como si eso fuera poco, Lionel Scaloni debió reemplazar a tres de sus cuatro defensores antes de que terminara el primer tiempo. Recién después de recibir el gol, el equipo albiceleste logró inquietar el arco de Unai Simón. Sin embargo, jamás dejó de luchar con la vergüenza deportiva, el coraje y el espíritu competitivo que caracterizaron a esta selección. La salida temprana de Nico González le quitó peso ofensivo al equipo. Más tarde, la expulsión de Enzo Fernández redujo al mínimo las posibilidades de ataque. En ese contexto apareció, una vez más, Emiliano "Dibu" Martínez, sosteniendo el resultado con atajadas decisivas y evitando que la diferencia fuera mayor. Con las últimas fuerzas, Argentina fue por el empate. Lionel Messi, en su último esfuerzo, encabezó la reacción. Nicolás Otamendi terminó jugando prácticamente como delantero, Giuliano Simeone aportó un despliegue incansable y el equipo empujó hasta el último instante. La oportunidad más clara la tuvo justamente Giuliano, pero su remate se fue por encima del travesaño. Así llegó el final. El final de un ciclo colosal. El cierre de una generación de futbolistas que, como ya había demostrado tantas veces, dejó hasta la última gota de sudor y de entrega por la camiseta. Y también fue el último baile de Su Majestad, Lionel Messi. Una carrera irrepetible, que lo confirma, sin discusión, como el mejor futbolista de la historia. Por él, sobre todo, todos soñábamos con la cuarta estrella. No pudo ser. España es una digna campeona y merece el reconocimiento. Duele. Y duele mucho. Pero también deja una enseñanza. Como país, atravesamos tiempos difíciles, y este grupo de gladiadores volvió a demostrar que nunca hay que bajar los brazos, que las adversidades se enfrentan unidos, codo a codo y espalda con espalda, peleando hasta el final, aun cuando todo parezca cuesta arriba. Por eso, a Lionel Messi, a los otros 25 jugadores, al cuerpo técnico encabezado por Lionel Scaloni y a todos los colaboradores de esta selección, solo queda decirles, con orgullo y con lágrimas en los ojos. n
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